“Páramo Presenta” debe cuidar a los festivales públicos como Rock al Parque

Treinta años de un festival gratis terminaron formando al público que hoy le paga la entrada a Páramo.

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Lo más interesante de las investigaciones que hicimos cuando fui director del Observatorio de Cultura de Bogotá fue comprender la riqueza de los espacios gratuitos, donde se educan los públicos, año tras año. Podríamos quedarnos solo en contar el éxito de Rock al Parque y ya (que es, al final, lo único que le importa al cierre del festival: el número total de asistencia para los periódicos). Pero este festival, como muchos otros, es una apuesta de largo plazo.

En Bogotá, y en Colombia, quien tiene la oportunidad de vivir la experiencia de un festival, después está más dispuesto a pagar una boleta.

Esto no es una intuición mía, lo medimos con datos, análisis y estudios, en 2023, con mi equipo, concluimos que el 41,6% de los asistentes que tenían entre 19 y 25 años, eran recurrentes año tras año, y que el interés por ver artistas internacionales pasó de 53% a 86,7% en un solo año. Esta la base de público de los carteles del Estéreo Picnic. El de artistas nacionales, de 34% a 69,6%, la misma base que después llena el Cordillera.

La misma persona que entra gratis a los 18 a ver una banda local, a los 24 ya quiere ver un cartel internacional completo, y está dispuesta a pagar por eso.

La Rockera, escultura de Rafael Melo para los 30 años de Rock al Parque
“La Rockera”, escultura de Rafael Melo (“Maquiamelo”) inaugurada esta semana para los 30 años de Rock al Parque, fundida con 30.000 balas recicladas. Foto: Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá.

Esto no pasa solo en Bogotá. Viena sostiene desde 1983 el Donauinselfest, gratis, financiado por la ciudad, con cerca de tres millones de personas en tres días. Es, según Guinness, el festival de un solo lugar con más asistencia del mundo. Francia inventó la Fête de la Musique en 1982, también gratis, y hoy se celebra en más de cien países, con millones de personas saliendo a la calle cada año. Y hasta el SXSW de Austin, que vive de vender boletas carísimas a la industria global de la música, mantiene tarimas gratuitas en la calle para que cualquiera entre sin pagar nada.

Ningún país que le apuesta en serio al negocio de la música en vivo se ha dado el lujo de dejar lo gratuito de lado.

Imagen oficial de Rock al Parque 2026 con el copetón, ave símbolo de Bogotá
Imagen oficial de Rock al Parque 2026, con el copetón, ave símbolo de Bogotá. Ilustración: Tavo Garavato / Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte.

Hoy empieza la edición treinta de Rock al Parque, con Mon Laferte, Apocalyptica, Editors, Bándalos Chinos y Serú Girán en el cartel, entre más de ochenta artistas. Por primera vez en treinta años son cuatro tarimas en el Simón Bolívar, no tres. Entrada gratis, casi siempre desde 1995.

Esa primera edición sí fue de pago, muy curioso: 7.000 pesos de la época por entrar a la tarima de la plaza de toros, sin público formado todavía, una apuesta arriesgada en una economía muy distinta a la de hoy. Al año siguiente la quitaron, y desde entonces el festival es gratis. Eso fue hace treinta años. El Estéreo Picnic no existía. El Cordillera tampoco.

Faltaban casi veinte años para que llegara cualquiera de los dos a cobrar boletas de $1.300.000 pesos.

Público de Rock al Parque en octubre de 2005
Rock al Parque, octubre de 2005. Foto: juan felipe / Wikimedia Commons, CC BY 2.0.

En estos años el negocio de festivales en Colombia cambió mucho. Páramo Presenta sacó el Estéreo Picnic, el Cordillera, el Baum, trajo el Knotfest, y ya anunció el primer EDC de Sudamérica, en Medellín. En julio de 2023 Live Nation compró el 51% de la compañía, a través de OCESA, un cambio importante a nivel de negocio. Pero eso es tema de otro post.

Ese público que hoy paga $1.300.000 pesos por una boleta del Estéreo Picnic no nació sabiendo ir a un festival. Alguien tuvo que enseñarle a ese público, gratis, durante treinta años, a aguantar el aguacero bogotano, el charco, el barro, la euforia de la gente, ocho horas de pie y Nadie le factura eso a nadie, y el valor que tiene es un intangible tremendo.

Hay algunos estudios académicos sobre el festival, aunque ninguno mide esto puntual. La Universidad Pedagógica Nacional lo analizó como un escenario de formación ciudadana, más allá del entretenimiento. La Universidad Distrital entrevistó asistentes recurrentes y encontró que el festival fue dejando prácticas de convivencia que la gente repite año tras año. Y la Universidad de La Salle estudió, ya en 2008, cómo Rock al Parque ayudó a construir una identidad urbana propia para Bogotá. Son estudios serios, pero todos miran el lado social y nadie ha medido el lado económico, ni lo ha hecho de forma cuantitativa y cualitativa a la vez. Por eso prefiero dejar la pregunta abierta:

¿Cuánto vale, para la industria privada, ese público que el festival forma gratis durante treinta años?

Esto me obsesiona desde varios años: cómo usar la tecnología para entender la experiencia en vivo de un evento masivo mientras está sucediendo. En 2023, además de contar en las puertas, medimos el aforo minuto a minuto en cada tarima con drones. Eso nos dejó ver cómo se movía la densidad del público entre escenarios, y en qué momento se llenaba cada uno. Pero bueno, el uso de la tecnología y esos métodos los dejo para otro post. (Escribiendo esta nota ya salieron dos posts nuevos. Eso es lo bello de escribir.)

Por eso invito a los amigos de Páramo, y del sector público, a que unamos fuerzas para entender y medir esos intangibles. En 2023 lo hicimos desde el Observatorio de Cultura. Pero hoy no existen mecanismos público-privados de investigación que permitan construir, a futuro, planes más grandes. Creo que las mejores cosas, las más bellas, en las artes, la cultura y la industria, nacen de esas alianzas.

Nacen de juntarnos todos a hacer algo colectivo.

Cita sugerida · APA

Tiria, C. (2026, 10 de octubre). “Páramo Presenta” debe cuidar a los festivales públicos como Rock al Parque. Divergente. https://www.divergenteamc.com/blog/festivales-gratuitos-forman-publico-que-paga